Semana 7
Bitácora semana 7 - Ana Isabela Espinosa
El día 11 de marzo (primera clase de la semana 7) estuvimos presentes Natalia Valencia, Laura Ibagué, Martin Gutierrez, Daniela Roncancio y Valentina Rivera, además del profesor, Juan Sebastián Cobos (faltó Luciana Torres) y así iniciamos la clase de Medios para las organizaciones leyendo la bitácora de Valentina y luego la mía, con las cuales pudimos contrastar un poco cómo cada quien comprende lo presentado en las clases, por ejemplo, mientras Valentina pensaba que Kaysen era un autor, yo entendí que era una palabra; además, el profesor nos hizo una recomendación general de escritura y de paso, un reto: No escribir más de dos “que” en un párrafo, esto debido a la constante muletilla de Valentina, el “ya que”. Sin embargo, en lo personal, incluso ahora escribiendo este párrafo, se me ha hecho muy difícil evitar el “que”, aunque lo he intentado.
Ahora sí, comenzamos la clase, que en esta ocasión fue totalmente teórica, a pesar de que no se sintió de esa manera. Al inicio, el profesor nos propuso una imagen para analizarla desde el pensamiento crítico. A partir de esa imagen empezamos a hacer preguntas: ¿Por qué se pelean? ¿Por qué hay gente mirando? ¿Por qué la policía no interviene? Pero luego el profesor nos dijo que precisamente esas fueron las preguntas iniciales que hicieron unos estudiantes el 17 de octubre de 2017 cuando les mostraron esa foto, antes de que se les dijera que esas no eran unas preguntas críticas. Unos meses después, el 14 de mayo de 2018, volvieron a mostrarles la misma imagen, y las preguntas cambiaron: ¿Qué provoca que a las personas les guste observar la pelea? ¿Representa esa foto a la juventud de hoy en día? ¿Influyen el lugar y el dinero en este tipo de comportamientos?
Luego conectamos esta reflexión con la teoría del ocio conspicuo de Thorstein Veblen, que plantea que, en ciertas sociedades, las personas usan el tiempo libre y el consumo como una forma de demostrar estatus social. Esto me hizo pensar en cómo hoy en día muchas prácticas, incluso en redes sociales, pueden funcionar como formas de exhibición, donde no solo importa lo que hacemos, sino cómo lo mostramos a los demás.
Por otro lado, el profesor nos mostró muchas imágenes que nos daban a entender que la comunicación se ha deteriorado ya que no valoramos el tiempo, valga la redundancia, de comunicación. Esto se relaciona con el hecho de que, aunque hoy tenemos más medios para comunicarnos, no necesariamente estamos comunicando mejor. Con esto el profesor nos mencionó un ejemplo muy conocido por la mayoría, la novela “Betty la fea”, principalmente para recordar al personaje de Nicolás Mora con su celular, el cual, para la época, era un lujo y representaba estatus, pues se pasaba de la cultura analógica a la digital.
Otro punto clave fue el de los nuevos lenguajes que surgen con la tecnología. Hablamos de términos y prácticas que hacen parte de la comunicación digital actual, como “stalkear”, “ghostear” o “likear”, que reflejan nuevas formas de relacionarnos. En este contexto, el profesor nos habló de Jesús Martín-Barbero, quien plantea que la tecnología no es solo una herramienta, sino que transforma la manera en que construimos sentido y nos comunicamos. Es decir, no se trata solo de usar nuevos medios, sino de entender cómo estos cambian nuestras formas de pensar, interactuar y percibir la realidad. Además, se mencionó a Vilén Flusser, quien dijo que “la escritura digital no es solo una herramienta: es una nueva sintaxis que altera cómo codificamos el pensamiento y la memoria”; de igual forma, Roland Barthes decía: “Cada tecnología inventa su propio alfabeto, y con él, una nueva forma de mitología”.
Otro aspecto importante fue entender que un proyecto de comunicación no empieza directamente con la ejecución, sino con una investigación cultural. Es necesario comprender el contexto, las personas y sus prácticas antes de diseñar cualquier estrategia. Esto fue explicado por el profesor por medio de una historia, la cual era sobre una feria de emprendimientos realizada en un sector de personas mayores, aunque la publicidad que hicieron fue sólo digital y esto hizo que poca gente llegara a la feria, por la diferencia generacional. Algo que me quedó muy claro fue la idea de que lo que funciona en un contexto no necesariamente funciona en otro, por lo que no se pueden aplicar soluciones de manera automática.
También reflexionamos sobre los modelos tradicionales de comunicación, como el modelo lineal de emisor-mensaje-receptor, y cómo estos siguen existiendo, evitando incluso robos y estafas, pero resultan limitados frente a la complejidad actual. La comunicación no es solo enviar un mensaje y esperar que el receptor lo entienda, sino un proceso mucho más dinámico, donde el sentido se construye en la interacción. Y por otro lado, el profesor nos hizo una pregunta: ¿Para qué la comunicación y para qué la hemos usado? Sin embargo, entendimos que, aunque en la teoría la comunicación debería ser una creación de sentidos para el bien, realmente no es así como se usa actualmente.
Finalmente, vimos un video relacionado con la pandemia en Italia, donde se proponía resignificar esta experiencia, no solo como algo negativo, sino como una oportunidad para darle otro sentido. Esto conectó con la idea de que la comunicación también tiene el poder de transformar la manera en que interpretamos la realidad.
El viernes 13 de marzo, estuvimos presentes Daniela Roncancio, Santiago Achury, David Suarez, Natalia Valencia, Natalia Duque, Laura Ibagué, Martín Gutierrez y Valentina Rivera; este día faltó Luciana Torres. Esta sesión estuvo enfocada en el storytelling y en cómo las historias funcionan como una herramienta clave dentro de la comunicación.
Primero que todo, el profesor nos hizo recordar la sesión anterior, sobre el modelo lineal y cómo estos ayudan a minimizar errores usando protocolos; además, recordamos las historias que el profesor nos había contado mientras nos explicaba: La historia de la feria, del transmilenio, del primer amigo con celular, de cómo hace poco empezó a usar Temu y de que hace poco uso las bicicletas que están en las calles de Bogotá. Todo esto con el fin de preguntarnos: ¿Para qué nos contamos historias? Entendí que las historias tienen un origen muy ligado a la necesidad humana de darle sentido a la vida, de organizar experiencias y de conectar con otros. No solo contamos historias por entretenimiento, sino porque nos ayudan a entender el mundo y a construir significado.
Luego hicimos una comparación entre la comunicación discursiva y la narrativa. La comunicación discursiva se centra más en datos, cifras y argumentos, mientras que la narrativa se basa en historias, emociones y experiencias. Entendí que no es lo mismo decir un dato que contar una historia sobre ese dato, porque la forma en que se presenta la información cambia completamente su impacto. Una historia puede hacer que algo sea más cercano, comprensible y memorable.
También vimos que las historias están profundamente relacionadas con lo social. El profesor nos mostró un video/documental de Robin Dunbar, quien mencionó que “somos supersociales por naturaleza”, y que hizo estudios donde se explica cómo nuestras relaciones tienen ciertos límites y cómo la comunicación influye en la forma en que nos vinculamos. A partir de esto, entendí que el llamado “número de Dunbar” (aproximadamente 150 personas), propuesto precisamente por Dunbar, explica que existe un límite cognitivo en la cantidad de relaciones sociales estables que una persona puede gestionar, lo que permite responder ¿cómo explica el número de Dunbar los límites cognitivos en la gestión de redes informales dentro de una organización?, ya que dentro de una organización no es posible mantener vínculos significativos con todos los miembros, por lo que las redes informales se vuelven más reducidas, cercanas y basadas en la confianza.
A su vez, esto ayuda a responder ¿de qué manera el número de Dunbar ayuda a comprender la formación de subgrupos, clanes o comunidades dentro de organizaciones grandes?, porque al no poder relacionarnos con todos, naturalmente se forman grupos más pequeños donde la interacción es más frecuente y significativa, generando cohesión y sentido de pertenencia. Finalmente, también se entiende ¿cómo se relaciona el número de Dunbar con el diseño de estructuras organizacionales basadas en equipos, células o unidades autónomas?, ya que muchas organizaciones adoptan estructuras en grupos reducidos que facilitan la comunicación, la coordinación y la toma de decisiones, siendo más efectivas que aquellas demasiado grandes y centralizadas.
Otro punto importante fue entender que el lenguaje no es sólo verbal. Hablamos de la importancia de los gestos, las emociones y las expresiones como parte del mensaje. De hecho, una gran parte de la comunicación en contextos sociales no depende únicamente de las palabras, sino de todo lo que las acompaña. Además, reflexionamos sobre cómo las historias pueden influir en lo que creemos. Vimos el ejemplo de videos publicitarios que, a través de narrativas bien construidas, logran persuadirnos o hacernos sentir identificados, incluso sin darnos cuenta. Esto me hizo pensar en el poder que tiene el storytelling dentro de la comunicación estratégica.
También se mencionó que un buen storytelling puede resumir o condensar ideas complejas en algo más simple y emocionalmente significativo. Por eso, en comunicación organizacional, contar historias puede ser más efectivo que sólo presentar información. Finalmente, hablamos de algunos elementos prácticos, como el uso de contenido generado por usuarios (UGC), que puede hacer que los mensajes sean más creíbles, y la importancia de no saturar con contenido, sino de construir mensajes que realmente conecten. Incluso se mencionó el ejemplo de figuras como Colin Kaepernick, quien se convirtió en un símbolo después del asesinato de una persona afrodescendiente en Estados Unidos con un acto tan simple como arrodillarse mientras en un partido de futbol americano se escuchaba el himno del país, mostrando cómo las historias también pueden representar causas o posturas sociales.
En general, esta clase me hizo entender que el storytelling no es solo una técnica, sino una forma de comunicar que conecta con lo humano. Contar historias permite generar sentido, emoción y recordación, algo fundamental en cualquier estrategia de comunicación.
Comentarios
Publicar un comentario